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LA CAZA DE CETÁCEOS
 
 
Según la SEC ( Sociedad española de cetáceos),  las amenazas principales de los cetáceos de nuestras aguas son la contaminación por residuos tóxicos persistentes, la contaminación acústica por sónar en maniobras militares, los varamientos y los enmallados en redes de deriva, así como la sobrepesca y la degradación del hábitat.  Pero desde hace unos 300 años la reducción de las poblaciones de algunas especies de cetáceos en el mundo se debió principalmente a la caza indiscriminada de estos animales. He aquí su cronología.
 
Los primeros documentos escritos que señalan la caza de cetáceos fueron realizados por los vikingos. Las especies cazadas eran la beluga, el narval, la ballena gris y la ballena franca ártica.
 
Desde el siglo XI hasta el XVII, los vascos fueron los que dominaron el arte de la caza de ballenas. Estos empezaron cazando ballenas francas en el golfo de Vizcaya y en el siglo XV ya las buscaban en las islas Británicas, Islandia y Groenlandia. Establecieron bases en Terranova y en la Peninsula del Labrador. Durante los 80 años que van desde 1530 hasta 1610, se calcula que cazaron unas 40.000 ballenas francas del Atlántico.
 
En 1620 son los ingleses los que comienzan la caza de la ballena, apoyados por tripulaciones de vascos conocedores de los lugares claves de pesca de las ballenas. A medida que las poblaciones de la costa iban desapareciendo se fue buscando poblaciones más al norte y más al oeste. A medida que se van descubriendo el valor comercial de los productos de la ballena, nuevos países inician su explotación.
 
Holanda, en el siglo XVII tiene más de 300 barcos persiguiendo ballenas. Por estas fechas, 27.000 ejemplares de ballena franca ártica suministraban aceite a toda Europa.
Alrededor de 1640 se incorporan a la caza, los colonos americanos desde Long Island, cazando la ballena franca y la yubarta.  
 
En 1712, se incorpora a lista de ballenas perseguidas los cachalotes. Se empiezan a perseguir las ballenas por todo el mundo debido al tratamiento adecuado de los productos de estos animales sobre las embarcaciones. Las Azores, el Golfo de Guinea, Las Antillas, Las Bermudas, la Patagonia, incluso se llega a las costas australianas, donde en 1820 ya había más de 100 estaciones balleneras.
 
En 1846 hay alrededor de 1000 barcos balleneros por todo el mundo. A partir de algunas estaciones balleneras del pacífico, los balleneros americanos agotaron, unas tras otras, las poblaciones del ballenas del Pacífico y del Índico. Cuando comienza a desarrollarse la industria ballenera se calcula que habían entre 15000 y 20000 ballenas grises, poco después quedaban 2000.
 
En 1868 se producen dos hechos importantes en pro del declive rápido de estas poblaciones el invento del arpón-cañón y el cambio de los barcos de vela por barcos de propulsión a motor de vapor. Esto implicaba la diversificación de la caza  otros cetáceos. Se empieza a perseguir a  las especies de rorcuales, el azul, el común fundamentalmente.
 
En 1904 los balleneros llegan a los mares antárticos donde descubren un paraíso poblado de ballenas que cazar. Se establecen bases en tierra firme y comienza la explotación sistemática de rorcuales y ballenas francas meridionales especialmente.
 
En 1925 se crean los primeros barcos-factorias que pueden subir las ballenas a bordo y procesarlas. A partir de este momento el ritmo de capturas se dispara todavía más. En 1931 son capturadas 29000 ballenas azules y en los años 50 quedaban pocos ejemplares. Al esquilmar estas poblaciones se perseguían a las ballenas de menor tamaño.
 
El declive de las poblaciones de cetáceos hizo que decayera el negocio de su caza de manera que cada vez eran menos los países y las embarcaciones que los cazaban. Estos hechos llevaron a los primeros intentos de hacer una regulación de la actividad.
 
En 1935 se pone en marcha la Regulación de la Captura de Cetáceos y en 1937 se prohíben las capturas de algunas especies y se cierran algunas aguas muy frecuentadas por ballenas. Estos acuerdos no son firmados por todos los países.
 
En 1946 se crea la Comisión Ballenera Internacional que, en su inicio, solamente supervisó la destrucción de las últimas poblaciones de ballenas importantes. No es hasta los años 80 cuando hay un cambio de conciencia que lleva a la moratoria en la caza de ballenas.
 
En el año 1986 entra en vigor la moratoria en la caza de ballenas. Este mismo año Japón y Noruega habían cazado 12000 ballenas. Estos países han continuado la caza hasta hoy argumentando razones de caza científica. En 1992 la moratoria se amplia un año más y sólo quedan tres países balleneros: Japón, Noruega e Islandia.
 
En 1993 Japón intenta levantar la moratoria y Francia pide la creación de una reserva Austral por debajo del paralelo 40, donde se prohibe la caza de ballenas y la prolongación indefenida de la moratoria al resto de los océanos del mundo. Las propuestas quedan sobre la mesa y se mantiene la moratoria de 8 años más.
 
El 25 noviembre del 2002 los ministros de Medio Ambiente de Italia, Francia y el Principado de Mónaco firmaron en Roma un acuerdo por el que se crea una reserva especial para ballenas y delfines en el Mediterráneo que estará especialmente protegida. Se trata de un área de 96.000 kilómetros cuadrados entre Liguria, Toscana, Cerdeña (regiones italianas), Principado de Mónaco y la Provenza (Francia), donde existe una importante población de mamíferos acuáticos, con aproximadamente un millar de ballenas y varios millares de delfines
 
Actualmente continua la moratoria, siempre con la expectativas abierta que, de una u otra forma, se pueda reiniciar la caza de cetáceos. Actualmente algunas especies se van recuperando pero otras están en graves peligro de extinción. Esperemos que nuestros nietos no tengan que ver en documentales, libros, etc especies de cetáceos desaparecidos, perdiéndose un acervo genético ya irrecuperable.