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Colectivo Ecologista Guelaya de Melilla |
CONOCE Y CREA TU PROPIO VIVERO DE ESPECIES AUTÓCTONAS DE MELILLA
Crear un pequeño vivero de especies forestales es más sencillo de lo que parece. Podemos crearlo como simple afición o con fines educativos. Solo hace falta tener un poquito de espacio, en una zona al aire libre y un punto de agua y podemos comenzar. Lo primero son los envases, no valen las macetas habituales, deben ser más largos, se pueden comprar bolsas de vivero, pero te recomendamos los envases de refresco de 1,5 y 2 litros, que cortándolos por arriba y haciéndoles agujeros abajo son ideales. Otro material es la tierra, no compres ninguna. Elige una buena tierra y añádele un poco de estiércol. Si la tierra es muy arcillosa le puedes añadir arena para que quede más suelta. En uno, dos o tres años la planta puede estar lista para plantarla en el campo.
EL ALGARROBO
El algarrobo
o garrofero, cuyo nombre científico es Ceratonia Siliqua, es un árbol que se
encuentra en la cuenca mediterránea en zonas cercanas al mar. No se sabe con
certeza si aquí en el norte de África es un árbol totalmente autóctono o introducido
por los romanos pero lo que es cierto es que forma parte del paisaje de muchos
rincones y es considerado por muchos como árbol autóctono por su gran capacidad
de adaptación a nuestro suelo y climatología. Es un árbol siempreverde, robusto,
de copa ancha, tupida, que puede alcanzar los 12 metros de talla. Tronco ramificado
a poca altura, de corteza gris-parduzca, bastante lisa. Ramas gruesas, abiertas,
extendidas más o menos largas. Florece de mayo a fines de otoño. Se encuentra
bien cultivado o de forma expontánea. Su fruto es aprovechado para el alimento
del ganado y hasta para alimento humano sobre todo en épocas de escasez. 
En Melilla podemos encontrar muy buenos ejemplares en La Granja Agrícola, y en antiguas huertas donde aún quedan algunos ejemplares sueltos. En zonas cercanas de Melilla existen también en los lindes de huertos sobre todo aquellos que fueron explotados por españoles en la época del protectorado, pues era alimento empleado para los cerdos. Se encuentran bastantes ejemplares en la zona cercana a Taxdirt. También una de las variedades de esta especie fue empleado en esta zona para la fabricación de chocolate de algarrobas.
El fruto: la algarroba o garrofa, es una vaina indehiscente, de gran espesor,
de 10 a 15 centímetros de longitud, con semillas separadas por tabiques pulposos,
azucarados, alimenticios para el hombre y el ganado. La semilla es lustrosa
y dura: el garrofín. Es
digno
de mencionarse que el quilate, unidad de peso para metales preciosos, recibe
su nombre del árabe querat, semilla del algarrobo, que fue usada para tal fin
en la Edad Media. Para recoger el fruto seleccionaremos un buen ejemplar, y
recogeremos en otoño las algarrobas caídas a pie de árbol. Tienen que estar
negras y maduras. Se conservan durante meses sin ningún cuidado especial pero
es mejor sacarles primero la semilla y conservar solo la semilla, pues la carne
de la algarroba se pudre y cría insectos. Al ser tan dura la semilla, necesita
un tratamiento previo para romper el letargo. Bastará con sumergirlas en agua,
entre 24 y 48 horas antes de plantarlas. Para su plantación, llenamos de tierra
un envase que sea bastante largo. El fondo del envase lo llenamos de piedras.
La tierra debe llevar un poco de estiércol o compost, pero si es buena tierra
de labor no será necesario. Plantamos varias semillas a un centímetro de la
superficie regando posteriormente con abundante agua. La germinación puede producirse
después de la primera semana, pero en algunos casos se alarga bastante. En las
primeras
semanas
crecen rápidamente, ralentizándose posteriormente, siendo un crecimiento lento.
El primer año es la época más delicada para esta planta, siendo atacada en ocasiones por pulgones y otros insectos. El regado no debe ser excesivo, protegiéndole de la luz directa durante el primer año, para posteriormente transportarlo a un sitio más soleado. El primer año es la época más delicada. Puede estar en envase durante dos o tres años y repicarlo a un envase mayor o transplantarlo directamente al campo. Su gran capacidad de resistencia, la poca exigencia de agua, la valorización de terreno que genera, y su gran belleza y porte, hacen de esta especie un árbol ideal para nuestra tierra.
EL PINO CARRASCO
El Pino Carraso o Pinus Halepensis, es el más familiar de nuestros árboles
autóctonos sobre todo por la presencia de la
repoblación
de los pinares de Rostrogordo y de zonas aledañas de Melilla. Es un árbol típicamente
mediterráneo originario y presente en toda la cuenca mediterránea. Se ha utilizado
mucho en repoblaciones, de ahí su mala fama en algunas ocasiones, pero es más
debido a la forma de repoblar que al árbol en sí, ya que las grandes acumulaciones
de pino originan plagas y grandes incendios. Por eso sería conveniente plantar
estos árboles asociándolos con otro tipo de árboles autóctonos como algarrobos,
acebuches, coscojas…
Es un árbol colonizador y se puede plantar en terrenos pobres y aguanta bien
la sequía y la insolación. Es un árbol de talla mediana. El tronco es tortuoso
e inclinado, si bien pueden aparecer pies rectos en buenas condiciones. La copa
es redondeada, irregular, con parasol terminal a veces y de poca sombra. Es
de crecimiento rápido y poco longevo. Florece de marzo a mayo. Las piñas están
maduras al final del segundo verano teniendo lugar la diseminación de los piñones
a los dos años de la floración. La piña es aovada, rojiza, alargada, de 6 a
10 centímetros de longitud. La piña se abre en el árbol a partir de septiembre
y expulsa los piñones. Los piñones son negros y miden entre 4 y 6 milímetros,
poseen un ala para ser
transportado
por el viento.
En la zona de Melilla podemos encontrar pinos en multitud de lugares. Por un
lado y nuestra ciudad tenemos los pinares de Rostrogordo; fuera de nuestra frontera
podemos encontrar en la repoblación de Trifa y Taforalt, las dunas de Taxdirt,
el monte Gurugú y en varias zonas más reducidas. Para recoger semillas elegiremos
ejemplares, robustos y que no estén enfermos. Se eligen las piñas más grandes
y que no estén verdes. Las que están abiertas posiblemente habrán expulsado
los piñones, así que cogeremos las que estén cerradas o a punto de abrirse.
Para sacar los piñones de las piñas cerradas, éstas ponen al sol durante varios
días hasta que se abran, o bien, para más rapidez se calientan en el horno.
Las escamas se abrirán y podrán salir los
piñones
con una simple sacudida. Se conservan fértiles durante meses en lugar seco y
fresco. Si queremos guardarlo para otro año lo conservaremos en recipiente hermético
en la nevera. Para plantarlos no necesitan tratamiento previo, tan solo quitarles
las alas. Se prepara un envase, bien bolsa de vivero o una botella recortada,
no olvidándonos de practicarles varios agujeros en el fondo. Se rellena el fondo
de piedras pequeñas y se llena hasta arriba de tierra con un poco de estiércol.
La semilla se planta a menos de un centímetro de profundidad, y se riega abundantemente.
Hay que tener en cuenta la época de plantación, para nuestra climatología prácticamente
se puede plantar desde otoño a primavera. Pero conviene plantarlo en otoño ya
que así pasará el verano con mayor tamaño, pudiendo hacer frente en mejores
condiciones a nuestro severo estío. Germinan a las dos o tres semanas, pudiendo
tardar más. 
Es de crecimiento rápido, así que al año de su plantación ya puede tener hasta unos 40 centímetros. Se puede repicar a un envase mayor a los dos o tres años. A partir de los dos años ya está lista para su transplante en el campo. Otra forma de plantarlo sería hacerlo directamente en tierra y transplantarlo a raíz desnuda, pero esa es una operación más delicada y con menor éxito en el transplante. El pino carrasco es sencillo en su plantación y cuidado, y con bastante éxito en su reproducción y transplante, siendo muy resistente a suelos y sequías. Es adecuado para nuestro suelo, pero no es el único árbol que se debe plantar, su monocultivo plantea problemas, por eso conviene no abusar y asociarlo con otras especies autóctonas.
EL ACEBUCHE
El acebuche u olivo silvestre se encuentra espontáneo en el litoral mediterráneo.
Su nombre científico es olea europaea. El acebuche es un arbolillo siempreverde,
muy longevo, robusto, amante de la luz, que llega a alcanzar los 10 a 12 metros
de talla y llega a alcanzar los mil años. Indiferente en cuanto a suelo, prefiere
los frescos y algo fértiles. Su crecimiento es algo lento y sostenido. Su tronco
se ramifica a baja altura y las ramas son mimbreadas. Las ramillas son intrincadas,
rectas y fuertes. Su copa densa y redondeada. 
Es un árbol cultivado desde la antigüedad en todo el Mediterráneo. Árbol bíblico y símbolo de la paz desde que la paloma que envió Noé después del diluvio universal trajo en su pico un ramo de olivo. El olivo y el acebuche asumen hoy día en la configuración del paisaje mediterráneo gran importancia. El 4 por ciento de la superficie de España está cubierta por el olivar, y en el norte de África también el olivar representa una gran parte de su suelo productivo. Hace años en Melilla habían explotaciones olivareras, llegando incluso a tener producción de aceite. Aún hoy día podemos ver fincas que todavía conservan parte de esos olivos. En los alrededores de Melilla las explotaciones de olivos son muy pequeñas y de ámbito familiar, debiéndonos alejarnos un poco para ver explotaciones mayores. Lo que sí podemos encontrarnos con frecuencia en nuestros alrededores son acebuches nacidos de forma expontánea, sobre todo en la zona del Gurugú, Taxdirt y toda la zona del Cabo Tres Forcas. En estos lugares suelen tomar la forma casi de matorral espinoso a consecuencia de las condiciones severas en que se desenvuelven sus condiciones de vida.
El fruto
del acebuche es la oliva, aceituna o acebuchina. Es más pequeño y menos carnoso
que la aceituna del olivo cultivado. Florece de mayo a junio y la acebuchina
madura al final del otoño. Se puede plantar de semilla pero es mucho más productivo
plantarlo de estaca. Para plantar de estaca elegimos un buen ejemplar, ya sea
acebuche silvestre u olivo cultivado. Cortamos con una podadora una rama de
más de un dedo de grosor. No hay que dejar estropear la rama, así que la plantaremos
sin dejar transcurrir demasiados días. Posteriormente preparamos un trozo de
estaca de más de 10 centímetros de longitud, cortándolas en ambos extremos y
quitándoles todas las hojas y ramillas.. La época de plantado se realiza en
invierno, clavamos la estaca en un envase alto, sin olvidarnos de añadir solo
un poco de estiércol en la tierra.
Deberá
asomar apenas uno o dos centímetros. El riego debe ser ligero al principio,
y no echará raíces y brotarán ramas hasta la primavera. De esas ramas se desarrollará
el tronco. En un principio crece bastante rápido, en un par de años estará listo
para transplantarlo en el campo, después su crecimiento se tornará más lento.
El acebuche u olivo silvestre por su robustez, exigencia de sol y gran resistencia a la sequía, lo hacen muy adecuado para nuestro suelo y climatología. Su fruto sirve de alimento para aves y otros pequeños animales, y junto con otros árboles autóctonos es capaz de crear un verdadero ecosistema mediterráneo.
LA SABINA Y EL ENEBRO
La sabina y el enebro son dos árboles muy parecidos, pertenecen a la misma
familia: las cuprosas, su nombre científico es el de Juníperus. Son árboles
duros y resistentes y se encuentran en la Península Ibérica y el norte de África.
Son árboles de crecimiento muy lento alcanzando edad muy elevada. Su tronco
es derecho y sus ramas abiertas. Pueden alcanzar hasta 10
metros,
pero en muchas ocasiones crece en forma de arbusto o arbolillo. La corteza poco
espesa es grisácea, hendida e hilachosa. Su madera es muy apreciada, rojiza,
compacta olorosa e imputrescible, muy estimada por ebanistas y torneros. Se
ha utilizado mucho para esculturas, cajas de habanos, lápices, etc... Sus hojas
son parecidas a las del ciprés común, las acículas son lineales o lanceolado-lineales.
Florece en invierno y principios de primavera y madura el fruto el segundo año.
Los frutos son globosos y rojizos, tiene en su interior tres semillas ovales.
Es una especie de luz y temperamento muy robusto. Se da en cualquier tipo de
suelo y no le importa vivir en suelos arenosos, prefieriendo lugares soleados.
Vive perfectamente cerca del mar.
En Melilla no hemos localizado ningún enebro o sabina crecidos de forma natural,
pero en los alrededores abundan y suelen vivir mezclados con las repoblaciones
de pinos de Trifa, Gurugú y Taxdirt, así como aislados en zonas secas y con
poca vegetación. Hemos encontrado impresionantes ejemplares de gran talla
en la zona de Taxdirt, cuyo suelo es arenoso. Estas especies se reproducen por
semilla, siendo muy difícil reproducirla por estaca o acodo.
Sus frutos se recogen a mano en otoño cuando éstos maduran y se tornan de color
rojo parduzco. Elegiremos ejemplares grandes y sanos. Para sacar las semillas
del fruto lo haremos a mano. Si queremos semillas en gran cantidad podemos dejar
los frutos secar para sacar las semillas frotándolas contra una criba. En la
naturaleza las semillas germinan a la segunda o tercera primavera después de
su diseminación. La causa de la lentitud de su germinación se debe al letargo
interno que poseen. Podemos plantarla y esperar todo ese tiempo o bien romper
ese letargo sumergiendo las semillas en ácido. Este procedimiento es parecido
a lo que pasa
cuando
es ingerido por un animal y pasa por su aparato digestivo rompiendo el letargo
de la semilla, para luego germinar cuando es expulsado por el animal.
Lo mejor es plantarlo en un recipiente largo como una botella de plástico preparada para tal efecto o una bolsa de vivero. Echaremos piedras en el fondo y lo llenaremos de tierra hasta arriba. Sembraremos varias semillas en cada recipiente que deberán ir a escasa distancia de la superficie. No suelen germinar demasiadas semillas, y en ocasiones tardan en salir debido a no haber roto el letargo interno de la semilla. Su procreación artificial por tanto es algo complicada pero merece la pena al ser especies autóctonas y muy interesantes para la conservación de nuestra biodiversidad.
EL ARAAR
El araar es el árbol más característico de la zona norte de África. Especie
en extinción en España, apenas quedan algunos reductos en los campos de Cartagena
y algunos ejemplares sueltos en el coto de Doñana. El nombre de araar proviene
del
árabe, utilizándose
también otras denominaciones como ciprés ramoso, tuya de África, ciprés de Cartagena,
árbol de la sandaraca..., pero su nombre científico es el de Tetraclini articulata.
Es una especie muy de luz y temperamento robusto, de tronco recto y corteza
gris clara con denso estriado longitudinal. Copa clara que deja pasar toda la
luz. Es una especie muy longeva y de crecimiento algo más rápido al de las sabinas
y enebros. Proporciona una resina blanca llamada sandaraca utilizada en barnices
y farmacia. Su madera es dura, resistente e imputrescible haciendola casi indestructible.
Aparece en todo el Norte de África. Es de mención, por ser cercano a Melilla,
el bosque de Taforalt,
cercano
a la zona de Berkane, donde existen muchos miles de Hectáreas de esta especie
formando bosques. Cerca de Melilla abundan bien sueltos o formando agrupaciones
en la zona del cabo Tres Forcas, Tigorfáten, Taxdirt, y casi toda la región
de Guelaya. En este territorio es muy apreciado por su madera y propiedades
medicinales de sus hojas, que son utilizados para problemas broncopulmonares
para el hombre y el ganado.
En Melilla hemos localizado varios ejemplares detrás de la Legión y existen
algunos más plantados de forma artificial. Florece en otoño y las piñas maduran
al verano del año siguiente, dispersa la semilla en septiembre u octubre. Su
piña se dividen en cuatro escamas, de ahí el
nombre
de tetraclini. Cada piña tiene varias semillas, éstas tienen dos alas para facilitar
su dispersión por el viento. Para recoger las semillas buscaremos ejemplares
altos y robustos. Dan su semilla en años alternos, las piñas se abren en uno
o dos días y sueltan la semilla en muy poco tiempo, así que habrá que estar
atentos al día de su maduración, las piñas se recogen a mano y deben de estar
casi abiertas.
Para sacar la semilla simplemente abrimos la piña y sacudimos su interior.
Se conservan varios meses pero lo mejor es plantarla al poco tiempo. A las semillas
se les puede quitar las alas, pero no es necesario. Para plantarlas se elige
un envase ya sea bolsa de vivero o botella de plástico,
conviene
que sea largo y con agujeros en el fondo. Se le echan piedras en el fondo y
se llena de tierra hasta arriba. En cada envase pueden ir varias semillas, se
plantan apenas a unos milímetros de la superficie. Su germinación la hace en
15 días, es delicado al principio y le atacan insectos y caracoles. Es mejor
plantarlo en otoño así afrontarán el verano siguiente con mayor tamaño. No necesitan
demasiados riegos y es una planta que necesita sol. A los dos años estará listo
para plantarlo en el campo. Si existe un árbol que sea simbólico de nuestra
naturaleza ese es el araar. Crece en cualquier suelo, aguanta el sol, el viento
y no es exigente en agua. Es el árbol apropiado para regenerar nuestro bosque
y nuestro suelo.
LA COSCOJA
La coscoja es una especie de la misma familia que las encinas, robles y alcornoques,
su nombre científico es Quercus coccífera. Es una especie más
resistente que la encina, tolera cualquier suelo y soporta pocas precipitaciones.
En buenas condiciones
de pluviosidad y climatología puede convertirse en árbol pero
por lo general su apariencia es de arbusto.
Su semilla como todos lo árboles del género quercus es la bellota,
sirve de alimento a los animales salvajes y al ganado, el tamaño de la
semilla es algo menor que el de la encina, tiene un capuchón que se suelta
fácilmente, se recoge entre noviembre y enero y se conserva bien en un
lugar fresco y seco.
Se plantan desde su maduración hasta la primavera, se encuentran en
aquellas
zonas mediterráneas donde la encina no puede crecer. En la zona de Melilla
la encontramos bien solitarias o dentro de las repoblaciones de pinos carrascos
tan frecuentes en esta zona.
Da cobijo a numerosos animales, existen bosques de esta especie en zonas cercanas
a Ouxda.
Para plantarlas necesitamos un envase bien largo, pues su raíz crece
exageradamente en sus primeras semanas. Para ello emplearemos una bolsa de vivero
o un envase grande de refresco. No debemos olvidar practicarle los agujeros
del fondo y rellenarlo de dos dedos de grava. Se llena de tierra y se planta
aproximadamente a un centímetro de la superficie.
Primero le sale
la raíz y no le empieza a salir el tallo hasta tener una gran raíz
principal.
Crece rápidamente para ralentizarse los siguientes años, no necesita
grandes riegos y aguanta bien la luz, pero en el verano y los primeros años
es mejor algo de sombra.
La raíz suele enrollarse en el envase, así que procuraremos repicarlo
a un envase mayor cuando crezca demasiado, en dos o tres años estará
listo para plantarlo en el campo.
Es muy adecuado para nuestro sistema ya que se puede plantar cerca del mar y
es menos exigente que sus hermanas la encina y el alcornoque, este último
existente en el macizo del Gurugú.