Colectivo Ecologista Guelaya de Melilla

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REGIÓN DE GUELAYA

La región natural en la que se encuentra Melilla es conocida con el nombre autóctono de Guelaya. El término proviene de "Al Kelaia", y derivó a Guelaia o Kelaia, que viene a significar "tierra de castillos".

El núcleo urbano más importante de la Guelaya es la ciudad española de Melilla, mientras que el resto del territorio de la regiónpertenece a Marruecos. Guelaya es también el nombre del colectivo ecologista en activo más antiguo de Melilla. Si bien la geopolítica marca barreras para el tránsito de personas, especialmente derivados de los actuales fenómenos de migración Sur-Norte, para la fauna y flora no existen las barreras humanas. Por ello, la comprensión naturalística del territorio implica abarcar territorios con una geología, clima y suelo comunes. El Norte de Africa pertenece a la bioregión Paleártica, que se extiende por Europa y con la que comparte flora y fauna. Su originalidad responde a su posición fronteriza también en los biogeográfico. La existencia de especies típicamente norteafricanas, entre las que se incluyen desde endemismos entomológicos, reptiles, el ratonero moro entre las aves y el chacal entre los mamíferos, suponen un enriquecimiento para la biodiversidad española.

La región de Guelaya comprende desde el punto de vista naturalístico el Cabo Tres Forcas, accidente geográfico que con su orientación norte-sur corta los vientos dominantes de este-oeste (levante y poniente). En la base del cabo destaca la mole del Gurugú, con más de 800 metros de altura, que separa el relieve tortuoso y abarrancado de Tres Forcas con las llanuras de Zeluán al sur, salvando las estribaciones del macizo de Beni Bou Ifrur, las antiguas Minas del Rif. . En este conjunto, que por el oeste tiene sus límites en el río Kert y su desembocadura, presenta por el este un peculiar ecosistema, la laguna costera de la Mar Chica.

 

La geología de la zona abarca toda clase de materiales. Las rocas sedimentarias constituyen la norma general, con travertinos, areniscas y molasas, arcillas y margas, especialmente en la meseta de Benichicar, que en Melilla toma el nombre de meseta de Rostrogordo. Estas llanuras pliocenicas están alteradas por fenómenos volcánicos en la punta del Cabo Tres Forcas y en el sur de la región, en el Gurugú, en donde aparecen andesitas, traquiandesitas, dacitas, y en su base basaltos. En Melilla se pueden observar coladas volcánicas a pocos metros de la superficie. El relieve resultante, sometido a una fuerte erosión favorecida por fuertes inclinaciones y lluvias torrenciales, ha sido arañado por arroyos y barrancos que confluyen en el centro en el Rio de Oro o Uad Meduar (el que serpentea), cuyo valle separa el Cabo Tres Forcas al norte del Gurugú al sur.

Toda la región está sometida a una fuerte presión humana, tanto por el crecimiento urbanístico de la ciudad de Melilla, como por la influencia económica de la ciudad en el entorno próximo marroquí, sobre todo por el comercio y los puestos de trabajo, lo que origina un crecimiento difuso de aduares y cábilas sin planificación previa que ha desembocado en un paisaje en mosaico.

La consecuencia de todo esto es la aparición discontinua de una serie de hábitats naturales cercanos y aislados, más o menos transformados por el hombre, en donde conviven actividades tradicionales como la agricultura en los valles y arroyos, la ganadería, con efectos claros de sobrepastoreo, degradación de zonas próximas a viviendas, por la falta de gestión de basuras, que acaban en los cauces generalmente, con actividades de "turismo rural" y excursionismo, a veces agresivo, de personas de Melilla que visitan el campo en su tiempo de ocio.

El principal problema para la biodiversidad en Melilla ha sido el crecimiento urbanístico y demográfico, que ha hecho desaparecer al menos 150 hectáreas de suelos agrícolas bajo el cemento sólo en la última década. Este fenómeno reciente de construcción en Melilla, junto con la contaminación de origen urbano de aguas residuales, residuos y escombros, que ha afectado especialmente a los ecosistemas marinos están empobreciendo la biodiversidad melillense.

El clima semiárido, los fuertes vientos, actividades tradicionales de recogida de leña y sobrepastoreo, y la topografía han impedido el desarrollo de auténticas masas boscosas, de las que sólo se encuentran repoblaciones forestales de Pinus halepensis. Las formaciones autóctonas, como los bosques claros de araar (Tetraclinis articulata) mezclados con algarrobos, higueras y acebuches, o están degradadas o bien han quedado restringidas a lugares como barrancos y laderas que no han sido utilizadas para agricultura o ganadería. En muchos lugares se encuentran pesudoestepas de gamones (varitas de S. José, Asphodelus) situados sobre litosoles marcando la frontera de la desertificación, sin que se hayan planteado iniciativas serias de conservación de suelos o gestión de espacios, por lo que desgraciadamente el futuro no augura nada bueno para la región.

Para la personas interesadas en saber más pueden consultar el libro Yus, R. Y Cabo, J.M. (1986) Guía de la naturaleza de la Región de Melilla. Ayuntamiento de Melilla.